La EASA no aceptará la certificación de la FAA para el B737MAX

La puesta en tierra del Boeing B737MAX a nivel mundial dejó en evidencia los fallos cometidos por el fabricante pero, sobre todo, por la FAA. El organismo que tenía que examinar de manera exhaustiva el avión en busca de esos errores falló por completo en su labor. Tal es así, que el FBI ha abierto una investigación criminal en la que la, hasta ahora, prestigiosa agencia estadounidense está inculpada.

Pero no sólo eso, la desconfianza va más allá de las fronteras de América del Norte. Hasta ahora, los principales reguladores aeronáuticos mundiales tenían firmados acuerdos de estado por los cuales, si un regulador certificaba una aeronave, los demás aceptarían esa certificación sin muchos más cambios, confiando en la buena fé y en el buen hacer del primer regulador. Pues bien, eso ya no es así y se confirmó a lo largo de la semana pasada.

El pasado martes Patrick Ky, director de la Agencia Europea de Seguridad Aérea, intervino en la cámara común europea en Bruselas para explicar los avances en la certificación del B737MAX y como estaban afectando económicamente estos atrasos a las aerolíneas europeas que tenían este modelo. Además, el alto directivo, ha expuesto una lista de requerimientos y puntos a tener en cuenta para que el bimotor estadounidense pueda volver a volar en el espacio aéreo europeo y es una lista mucho más larga y estricta que la de la FAA, mostrando una vez más sus diferencias a la hora de gestionar este problema. La FAA dijo hace pocas semanas que el avión ya "casi cumplía" los requisitos del regulador estadounidense para obtener de nuevo la certificación, algo que Boeing espera que ocurra en octubre para que el avión pueda volver a volar comercialmente antes de final de año. No obstante, parece que la aprobación de la EASA está mucho más lejos para Boeing que la de la FAA.

Antes del verano, se formó un grupo de expertos aeronáuticos encabezado por la FAA y seguido por delegaciones de varios países que se sumaron a una certificación común del avión con el objetivo de recobrar la confianza en los pasajeros tras los dos graves accidentes que dejaron al avión en tierra. La EASA forma parte de ese grupo, no obstante, ya ha anunciado que no aceptará cualquier certificación y que hará sus propias pruebas y tendrá exigencias propias para volver a conceder al MAX el tan ansiado certificado. 

El pasado jueves, en un comunicado oficial, la EASA advertía a la FAA de las consecuencias nunca antes vistas a nivel diplomático entre ambas agencias si la FAA concedía el certificado de aeronavegabilidad al MAX antes que las demás agencias y, sobre todo, si lo concedía mientras otras agencias demandaban más cambios en el avión. En caso de que la FAA apruebe el avión, la EASA da a entender que se romperían bastante acuerdos bilaterales y que sería un desencuentro muy grave.

Esto pone tanto a la FAA como a Boeing entre la espada y la pared, dado que ambas empresas estadounidenses quieren poner al MAX de vuelta en el aire lo antes posible, mientras  que la EASA ya ha dicho que no está satisfecha con los cambios y que quiere algunas modificaciones más antes de permitir al avión volar de nuevo. En caso de que el MAX obtenga la certificación de la FAA antes que las demás agencias, el avión podrá volver a volar sólo bajo los colores de aerolíneas americanas y sólo en el espacio aéreo norteamericano, a menos que otros reguladores acepten la certificación de la FAA algo que, francamente, parece poco probable. 

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