La vergüenza de volar o por qué nos estamos volviendo imbéciles

Estos primeros días del año recibimos muchas estadísticas de todo tipo: desde aquellas de los fabricantes de aeronaves, estadísticas de tráfico aéreo, aeropuertos, aerolíneas, etc, etc. Una de las que nos ha llamado la atención es la que proviene de los países nórdicos. Vamos a hacer una pequeña reflexión:

Una de las últimas tonterías virales del año pasado ha sido la flygskam o vergüenza de volar, inventado por la "activista" sueca Greta Thunberg. Esto ha hecho que la cifra de viajeros en Suecia haya bajado un 4% de media, pasando de 42 millones en 2018 a sólo 40 el año pasado, mientras que la bajada es mucho mayor si nos fijamos sólo en los suecos, dado que su bajada aumenta hasta el 9%. Según este movimiento, volar es muy malo para el planeta y deberíamos dejar de utilizar los aviones porque contaminan. En teoría sí, aunque la realidad es algo distinta. Pero, empecemos por el principio:

La inmensa mayoría de las actividades del ser humano tienen una huella de carbono en mayor o menor medida, es decir, producen algún tipo de contaminación ya sea de manera directa (como cuando nos desplazamos en un medio impulsado por carburantes) o de forma indirecta (cuando adquirimos cualquier producto, dado que para fabricarlo o enviarlo se ha tenido que contaminar). La cuestión está en ver si es rentable contaminar utilizando aviones o no. 

Para decidir eso, pongámonos en perspectiva, empecemos con los coches:

Motor GE9X que impulsará al nuevo B777X
Los aviones de nueva generación como el Boeing B787, B737MAX (cuando vuelva al servicio) el A350 o el A320NEO tienen un consumo entre un 20% y un 30% inferior respecto a los aviones de la generación previa combinando motores de última generación con mejores diseños aerodinámicos. Eso significa, que dependiendo de las condiciones meteorológicas y de la carga que pueda llevar el avión, este puede gastar una media de entre 2 y 3 litros de Jet-A1 por persona cada 100km. Si, en este punto podemos pensar que un coche moderno puede gastar en torno a 4 ó 5 litros de diésel a los 100km y puede llevar hasta 5 personas. ¿Cuál es la diferencia? Evidentemente el coche no puede ir a 800 km/h. Es lógico que sin el avión el mundo no sería lo que es y no podría seguir siéndolo.

Por otra parte, no cabe duda de que el coche eléctrico será el futuro en el transporte mundial, pero de momento no está ni cerca de ser eficiente. Además de ser caro, es un medio obsoleto ya antes de arrancar: los puntos y la duración de las recargas hacen que un viaje en un vehículo eléctrico lleve mucho más tiempo que en uno de combustión, además del precio en sí. Ciertos estudios recientes han asegurado que el coche eléctrico además deja una huella de carbono muy superior al coche convencional por su proceso de fabricación, tremendamente contaminante por la alta necesidad de litio.

En cuanto a los barcos...

Habiendo establecido la diferencia entre un avión y un coche, pasemos a los barcos. Hoy en día se pueden realizar grandes travesías en barco con más o menos lujos. El único inconveniente es su lentitud dado que pocos pasan de los 50km/h. En realidad, hay más de un inconveniente: los 15 mayores barcos del mundo (esto incluye a cruceros y a barcos mercantes o militares) contaminan tanto como 760 millones de coches. Puede parecer mucho, pero lo es más aún si tenemos en cuenta que en el mundo hay unos 1500 millones de coches. Es decir que, por esa regla de 3, los 30 barcos más grandes del mundo contaminan tanto como todos los coches del mundo.

Combustibles:

Uno de los motores del Harmony of The Seas
Cada medio utiliza un combustible adaptado para sus necesidades. Un vehículo tiene que consumir un combustible más eficiente o de más octanaje para tener la potencia suficiente que se le requiere y no tener que emplear un motor enorme, lo mismo pasa en aviación. Caso diferente es el de los barcos, que utilizan el peor combustible que existe, el más ineficiente por la gran cantidad que precisan. Sin ir más lejos, el mayor crucero del mundo (el Harmony of the Seas) consume unos 110.000 litros diarios de un combustible tan tóxico que su uso en tierra firme está prohibido. Pero, ¿cómo se mide la toxicidad de los combustibles? Entre otros factores, uno de los más influyentes a la hora de catalogar un vehículo como contaminante o no es el siguiente:

El principal componente tóxico de los combustibles y el peor para nuestra salud es el Dióxido de Azufre (SO2) y se mide en partes por millón (ppm) en los combustibles:
- En el diésel terrestre para coches, la concentración de este componente está establecida por la Unión Europea en un máximo de 10ppm.
- En el combustible de aviación comercial, este componente está establecido por la Unión Europea en un máximo de 2500ppm, si bien es cierto que hoy en día la mayoría de los combustibles están entre los 320 y 800 ppm, cifra que se reduce considerablemente en los biocombustibles, cuya investigación avanza a buen ritmo.
- En el combustible naval, este componente está establecido en un máximo de 33.000 ppm, sin comentarios.

Por tanto y, teniendo en cuenta todos estos datos, ¿deberíamos avergonzarnos de volar y simplemente deberíamos quedarnos en tierra dejando que la aviación mundial desaparezca (cosa prácticamente imposible) y con ella la economía o podemos seguir haciendo un uso de los aviones, eso sí responsable y centrarnos en reducir la contaminación de la industria u otros medios más contaminantes?

Está claro que el objetivo es que con el tiempo los aviones sean cada vez más eficientes y más respetuosos con el medio ambiente, pero no por eso hay que sucumbir en cosas virales sin fundamentos de gente que sólo se dedica a gritar sin dar razones. Desde luego el que nos diera vergüenza coger un avión debería no estar entre esas cosas que nos creemos.

Por supuesto, que cada uno se forme su propia opinión.

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